jueves, 24 de marzo de 2011

Harry Houdini: la vida del escapista, mago y azote de espiritistas

Un día como hoy, un 24 de marzo, pero de 1874, nacía Ehrich Weiss en Budapest (Hungría). Con el tiempo cambiaría su nombre por el que es más conocido en la historia de la magia y el espectáculo: Harry Houdini, uno de los más legendarios y extraordinarios showmans de todos los tiempos.

Orígenes

Su familia judía emigró a Estados Unidos, donde se nacionalizaría poco después, cuando sólo tenía cuatro años. Vivieron en Appleton, Wisconsin y posteriormente se mudarían a Nueva York. El pequeño Ehrich no tuvo una infancia fácil, ni una educación formal y las dificultades eran algo habitual en la familia. Hay quien dice que a los 11 años trabajó como aprendiz de cerrajero y se sabe que pasó por algún circo como contorsionista, además de hacer de mensajero y hacer algún número en los espectáculos de frikis. Siempre tuvo un gran apego por su madre, algo que marcó su vida y que a veces llegaron a calificar en cierto modo de «enfermizo». Uno de sus cuatro hermanos, Hardeen, le ayudaría intermitentemente en sus primeras presentaciones de magia a los 15 años. Leyó y aprendió todo lo que pudo al respecto; de hecho el nombre artístico que tomó fue un homenaje al mítico Robert-Houdin, considerado el «padre de la magia moderna». Aunque comenzó su carrera como mago haciendo juegos de cartas y otros efectos, pronto comenzó a considerar practicar el escapismo. En aquella época algunos espiritistas invocaban fantasmas mientras permanecían atados, para evitar sospechas de fraude. Houdini comprendió que se liberaban secretamente para manipular la escena con efectos mágicos, que aseguraban eran reales. Houdini decidió que tal vez «escaparse» podía ser un número en sí mismo.
Houdini y su Metamorphosis
Cartel de La Metamorfosis, otro de los números de Houdini
Metamorfosis – Uno de los escapes clásicos que se asocian con Houdini es La Metamorfosis, que tanto en la época como en el futuro inspiraría múltiples variantes. El ilusionista era atado e introducido dentro de un saco, a su vez dentro de un baul, todo ello era atado y sujetado con candados. Entonces una ayudante subía encima del baul, levantaba una cortina y 3, 2, 1… Al instante siguiente la cortina bajaba mostrando a un Houdini liberado en el lugar que ocupaba la ayudante.
Entonces se abría el baul y se desataban todas las cuerdas del saco para mostrar a la asistente dentro de la caja: ambos se habían intercambiado o metamorfoseado con el mejor arte de la magia. Este número sigue siendo espectacular hoy en día cuando se ejecuta con presteza y habilidad. Se cree que Houdini ejecutó este número más de diez mil veces en toda su carrera.
La ayudante de Houdini en Metamorfosis solía ser Beatrice Rahner, una joven morena, de pequeña estatura, que acabaría enamorando al mago. Se convertiría pronto en Bess Houdini, su mujer, allá por 1894. Bess le acompañaría durante el resto de su vida, mas nunca llegaron a tener hijos.

Houdini, Rey de las Esposas

Houdini, «Rey de las Esposas»Las habilidades de Houdini para liberarse de ataduras con cuerdas, cadenas con candados y otras situaciones complicadas encantaban al público. Hizo un largo viaje por Europa de cuatro años, cosechando grandes éxitos y aumentando así su propia leyenda (también se dijo que pudo haber aprovechado para hacer espía enterándose de secretos rusos y alemanes). De esa época le viene el sobrenombre de «Rey de las Esposas», que utilizaría durante largo tiempo. Rey de la autopromoción – Lo que solía hacer Houdini era presentarse en una ciudad ante el jefe de la policía local, o en la prisión, junto a un grupo de periodistas. Proponía su reto, que era publicado en los periódicos y comentado en la ciudad. Luego el mago era encerrado, atado, o encadenado. Cuando conseguía liberarse, su hazaña obtenía nueva promoción en la prensa. En cierto modo fue un precursor de la autopromoción o publicity: aumentaba y mejoraba la imagen y percepción de sus hazañas tanto antes como después de haberlas realizado, alcanzando cotas cada vez más altas.
Houdini EncadenadoA veces ofrecía ser examinado desnudo y que probaran en él nuevos candados, grilletes, esposas u dispositivos fabricados por la gente del lugar. Marineros, fabricantes de cuerdas, sacos y todo tipo de materiales intentaron retenerle sin éxito. Uno de los más graves accidentes que sufrió, que casi le costó la vida, fue al intentar escapar de un gran bidón de cerveza.
Se suele considerar a Houdini el mejor escapista de todos los tiempos y también precursor de muchas de las hazañas y retos de este tipo. Escapó de cuerdas, cadenas, camisas de fuerza, todo tipo de esposas, barriles, cajas, baules, bidones, bolsas, sacas, ataudes, jaulas y habitaciones cerradas. También se dice que escapó de «un monstruo marino», probablemente un calamar gigante o ballena, de cuyas tripas consiguió salir airoso. El público que le veía deseaba a la vez que triunfara y que fallara; la sensación de peligro inminente era poderosa en cada uno de sus números.
Un hermano de Houdini le explicó que la gente parecía emocionarse más cuando la hazaña se hacía a la vista del público. Con esa premisa algunos de sus escapes que se convirtieron en clásicos, como el de la camisas de fuerza (para el que se inspiró en un manicomio), los realizaba a la vista de todos, otros los hacía en secreto tras una discreta cortina, donde sus ayudantes no podían entrar, pero tampoco nadie del público ver sus técnicas secretas. En algunos tardaba unos pocos minutos, en los más complejos llegó a tardar más de una hora.
Spoiler: Aunque sus secretos permanecieron bien guardados se cree, por los libros que publicó, lo que pervivió de su colección personal de trucos y los análisis de los estudiosos, que en general realizaba sus proezas sin ayuda de compinches, principalmente ocultando ganzuas, llaves y otras herramientas en los orificios de su cuerpo, por ejemplo tragandose las llaves y regurgitándolas (también se cree que usaba el otro orificio como escondite a salvo de ser examinado.)
  • Houdi escapa de sus ataduras [YouTube, 1 min] En una película muda de la época se puede ver a Houdini escapando de unos nudos mientras el guardia que le vigila se queda dormido.

Nuevos retos y grandes ilusiones

Houdini y el Barril de LecheHoudini el artista pronto comenzó a inventar nuevos retos como parte de su espectáculo en teatros, en su afán por conseguir lo imposible y causar más sensación. Uno de ellos fue el Bidón de Leche, un angosto bidón relleno de agua en el que era sumergido completamente y del que escapaba tras unas cortinas, fuera de la vista del público. Se dice que pedía a la gente contener la respiración tanto como él mientras intentaba escapar (algo que nadie conseguía) a la par que un gran reloj mostraba el paso de los minutos. La realidad era que solía escapar al poco de entrar; a veces se sentaba durante un rato a leer el periódico mientras la orquesta tocaba música para imprimirle mayor emoción al número. Entonces levantaban la cortina y aparecía Houdini, culminando el número.
Entrenamiento físico – Tanto para este como para otros números Houdini hizo algo que es común en muchos escapistas y especialistas en retos y proezas físicas: entrenar hasta el límite. En sus biografías se cuenta que cada día se sumergía en una bañera de agua llena de bloques de hielo. Con la práctica llegó a ser capaz de permanecer hasta tres minutos sin respirar. Eso le permitiría enfrentarse a muchos de los retos mejor preparado que cualquier persona e incluso que algunos atletas. En general no se considera que esas hazañas sean «trucos» como tales, sino simplemente el resultado de una fuerza física, habilidad y técnica en cierto modo «sobrehumanas».
Houdini y la Muerte – Hay quien dice que una obsesión de Houdini era la muerte. A partir de cierto momento en su carrera, casi todos sus retos supusieron un enfrentamiento directo con un riesgo mortífero, un peligro de muerte real que cautivaba al público, tanto que algunos abandonaban la sala antes de que terminara el espectáculo. Curiosamente Houdini había tenido un accidente en un río siendo pequeño, con siete años, y estuvo a punto de perecer ahogado. Es interesante que muchos de sus retos tengan como protagonista precisamente la inmersión en agua (bidones, acuarios, ríos) en los que siempre acaba burlando a la muerte.
Otro de sus números más grandiosos fue la Cámara de Tortura China (1912) un enorme «acuario» donde era sumergido, colgado boca abajo por los pies, y de donde escapaba al cabo de unos interminables minutos. Lo último que veían los espectadores, antes de que una cortina lo tapara, era la aterrada cara de Houdini, sumergido, golpeando el cristal.
Houdini y la Camara Tortura China
Houdini en su Cámara de Tortura China
La Cámara de Tortura China era muy parecida a la que aparece en la película, ambientada en la época, El Truco Final (The Prestige). Es interesante que aunque en al menos dos largometrajes sobre Houdini el personaje muere ejecutando ese acto, en realidad el maestro de los escapistas siempre consiguió superarlo, si bien a veces con lesiones, como alguna fractura de tobillo. Dos ayudantes blandiendo hachas añadían un poco de dramatismo al momento, estando preparados junto a la celda de agua para actuar y liberarle en caso de problemas.
Protección legal de las invenciones – Este número fue el primero que inventó que registró con un copyright. En aquella época los magos empezaban a buscar formas legales de impedir que otros magos copiaran sus números pues había gran rivalidad entre ellos. Houdini había pasado cinco años trabajando en su Cámara; se consideraba un innovador y odiaba a los imitadores. Cuando uno de sus números era copiado o revendido (como pasó con el Bidón de Leche) lo denunciaba ante los tribunales. También disfrutaba yendo a las exhibiciones de los rivales imitadores para exponer sus trucos ante el público y dejarlos en ridículo. No deja de ser curioso que uno de sus números más famosos, la metamorfosis fuera en realidad original de John Nevil Maskelyne.
Houdini en un reto en el Puente de Harvard
Houdini salta atado desde un puente para escapar bajo las aguas
Alcanzada la fama de estrella internacional, Houdini fue mejorando sus números y complicándolos cada vez más, promocionándolos como muestra de coraje y valor: se tiraba atado desde puentes, era sumergido en cajas cerradas y siempre emergía victorioso de las heladas aguas. Su madre siempre asistió a sus más arriesgadas proezas. Cuando ella murió, para Houdini fue un duro golpe.

Madurez y otros intereses

A medida que pasaban los años, el físico de Houdini no era el mismo que en su juventud, de modo que tuvo que abandonar algunas de sus proezas. Una de las últimas que popularizó, y que a más gente congregaba en las ciudades, era escapar de una camisa de fuerza suspendido boca abajo, colgado de una cuerda, de una altísima grúa. Lo hizo en Times Square en Nueva York, Washington y en muchas otras ciudades. Pero la tarea era agotadora y Houdini solía acabar dolorido, por lo que comenzó a buscar otras salidas artísticas.
Con el tiempo montó un espectáculo propio en Broadway, que promocionaba con números como la desaparición en el escenario de un elefante. También empezó a dedicar su tiempo a otras aficiones: quiso ser recordado como uno de los pioneros de la aviación (que estaba naciendo en aquella época) y en 1910 fue la primera persona en sobrevolar Australia, con un biplano que había llevado hasta allí.
Otras aficiones – Houdini también rodó varias películas de acción como protagonista, pero como actor del celuloide no era gran cosa. Esas cintas, que se han podido recuperar, son buenos documentos gráficos sobre sus escapatorias, aunque la gente las consideraba a veces «trucos de cámara» y no eran tan efectistas como el directo. También probó suerte como empresario en la industria del cine, algo que con el tiempo abandonaría. Escribió algunos libros para el círculo mágico describiendo su trabajo y completó una vasta biblioteca personal con libros sobre magia de todas las épocas.

Azote de médiums y espiritistas

Houdini y los espiritistasLa última parte de su carrera la dedicó a una faceta muy especial: ser el azote de los espiritistas. Los millones de muertos de la I Guerra Mundial, así como los avances en las ciencias, la electricidad y el cambio de siglo habían producido un resurgimiento de lo paranormal: eran cuestiones poco entendidas todavía, pero misteriosas y fascinantes para el gran público, que había perdido recientemente a muchos de sus seres queridos. En salones de espectáculos médiums y espiritistas hacían su negocio «contactando» con el más allá. El espíritu de su madre desde el más allá – Houdini nunca había creido en todas esas patrañas y se mostró especialmente irritado cuando una médium intentó contactar con el espíritu de su querida madre, fallecida años antes. Cuando la médium transcribió el «mensaje literal» que había recibido, Houdini reveló que difícilmente podía ser en verdad su madre: el mensaje estaba en inglés, mientras que su madre sólo hablaba una mezcla de alemán, húngaro y yidis; una cruz encabezaba el mensaje, mas su familia era judía. Indignado, juró entonces convertirse en un cruzado contra el espiritismo.
Obviamente médiums y espiritistas usaban trucos que difícilmente escaparían al escrutinio de un mago. Armado con sus concimientos, y a veces con disfraces, se presentaba en reuniones para desenmascarar a los fraudes. Publicó artículos en la revista Scientific American, declaró contra el espiritismo ante el Congreso, hizo de cazafantasmas y dejó en ridículo a los creyentes en lo paranormal. Los premios que ofreció a quien demostrara tener habilidades sobrenaturales nunca fueron otorgados a nadie, pues sus engaños siempre eran siempre descubiertos por el mago.
Houdini y Sir Arthur Conan DoyleHoudini y Sir Conan Doyle – De aquella época data su amistad y posterior enfrentamiento con Sir Arthur Conan Doyle, el creador de Sherlock Holmes. Cuando se conocieron entablaron una entrañable amistad, pero sus creencias pronto se vieron enfrentadas: Conan Doyle era un creyente del mundo espiritural y paranomal, mientras que Houdini se erigió en cruzado contra todo ello. El escritor llegó a estar convencido de que las habilidades de Houdini eran genuinas, realmente paranormales, y no meros trucos. Como tantos otros, creía que Houdini era capaz de desmaterializarse, a pesar de haber visto cómo el mago desenmascaraba los burdos montajes de los espiritistas como parte de sus espectáculos o le explicaba en persona algunas de sus técnicas de magia y escapismo.

El final… y más allá

El final de la vida de Houdini se produjo en extrañas circunstancias. Ello, unido a su reciente lucha contra lo paranormal y un extraño reto que había planteado para después de su muerte conviertieron el hecho de su muerte en algo tan interesante y misterioso como otros de su propia vida. El incidente con los estudiantes – Un día de octubre de 1926 unos estudiantes universitarios se dirigieron a Houdini mientras descansaba tras haber terminado uno de sus espectáculos. Uno de ellos le retó a recibir unos cuantos golpes en el abdomen, para comprobar si su resistencia física era tan legendaria como se decía. El mago aceptó sin miedo. Sin embargo, antes de que pudiera prepararse adecuadamente, recibió un primer fuerte puñetazo, al que siguieron varios más. Aunque aguantó el envite como un buen actor, había sufrido sin saberlo una rotura de apéndice.
Por su carácter Houdini quiso seguir trabajando durante los días siguientes a pesar de padecer fuertes dolores y fiebre. Finalmente sufrió dos desmayos en una actuación y fue hospitalizado. Tras varios días luchando contra la enfermedad, pareció rendirse ante lo inevitable. Le dijo a su hermano Hardeen:
Estoy cansado de luchar. Creo que esta cosa me va a vencer.
En la madrugada del 31 de octubre de 1926, el día de Halloween, Houdini fallecía a sus 52 años. Los médicos emitieron un informe en el que indicaban una peritonitis como causa de la muerte. Su apéndice tal vez llevaba días inflamado antes del incidente con los estudiantes.
El entierro se celebró a los pocos días. Una multitud de dos mil personas acudió al evento, algo tan multitudinario como algunos de sus números callejeros. Pero una cuestión flotabla en el ambiente: ¿Podría el mago escapar de su propia muerte? ¿No sería este otro de sus espectaculares trucos?
Todavía quedaba un último número.
El código Houdini – Tras muchos años luchando contra lo paranormal, el mago había diseñado un reto definitivo aprovechando su propia muerte. Ideó un código secreto que compartió con su mujer, consistente en diez palabras secretas (curiosamente, extraídas de una carta de Conan Doyle). Si alguna vez contactaba a través de algún médium «desde el más allá» usaría esas palabras, de modo que Bess pudiera tener la certeza de que el contacto era genuino.
Diversos espiritistas aseguraron haber entrado en contacto con el espíritu de Houdini, especialmente uno llamado Arthur Ford, aunque su mujer nunca recibió el código secreto. Llegaron a publicar historias falseando incluso el testimonio de Bess para hacer creer que había aceptado que el código había sido revelado, pero nunca fue así.
Al cabo de diez años, su mujer celebró una última sesión, sin éxito. Apagó entonces una vela que simbólicamente había mantenido encendida junto a la fotografía de Houdini. «Diez años son suficientes para esperar por cualquier hombre», dijo. Desde entonces, es tradición entre los magos celebrar sesiones en las que se invoca al espíritu de Houdini cada 31 de octubre.
El ilusionista y escapista más famoso de todos los tiempos, el genio que redefinió la magia y el espectáculo de los retos y proezas, consiguió sin duda algo en lo que había sido un experto toda su vida: que sus hazañas fueran narradas y su nombre perdurada con el paso del tiempo. Buena prueba de ello es que casi 80 años después de su muerte todavía se siguen escribiendo historias sobre él.
Houdini-Firma

Enlaces y más información

  • Harry Houdini en la Wikipedia en inglés; el artículo en castellano sobre Harry Houdini es muy escueto. [Esta mini-biografía ha sido licenciada bajo GFDL para que pueda incorporarse a la Wikipedia para completarla.]
  • El Gran Houdini, una minibiografía con detalles del incidente que le causaría la muerte.
  • ¿Quién fue realmente Harry Houdini?, otra pequeña biografía.
  • ¿Fue Houdini envenenado?, una extraña teoría conspiratoria que surgió en 2007, sobre si su muerte fue accidental o provocada por envenenamiento (tal vez sus enemigos espiritistas). Aunque pretendieron exhumar su cadaver, la familia se negó. Se cree que todo fue un arid promocional para dar más notoriedad a un libro sobre la vida de Houdini.
  • Houdini: El rey de las esposas de Jason Lutes y Nick Bertozzi, un comic sobre la vida del mago.
  • Houdini Tribute es una página que contiene muchas imágenes y las películas de sus actuaciones si bien todas son muy cortas y de baja calidad.
  • Houdini’s Life, una cronología de su vida.

Vídeos

Libros, documentales y películas

Esta anotación homenaje ha sido escrita a partir de material de diversas muchas fuentes, especialmente el libro Houdini: The Career of Ehrich Weiss de Kenneth Silverman y los documentales The American Experience - Houdini de Marion Ross y Houdini: Unlocking The Mystery, además de datos y curiosidades mencionadas en las páginas web aquí citadas.
{ Esta anotación con la mini-biografía de Harry Houdini queda licenciada bajo GFDL }

jueves, 21 de octubre de 2010

José Carbajal

José María Carbajal Pruzzo (Juan Lacaze, 8 de diciembre de 1943 - Villa Argentina, 21 de octubre de 2010), conocido como El Sabalero, es un cantante, compositor y guitarrista uruguayo, autor e intérprete de varias canciones exitosas como Chiquillada, A mi gente y La Sencillita.

Biografía

Infancia

Realizó sus estudios primarios en la Escuela Industrial Don Bosco de Puerto Sauce y un año de la escuela secundaria en el liceo público, abandonando para comenzar a trabajar de obrero en las fabricas textiles asentadas en su pueblo natal. Completó de noche los estudios secundarios en un liceo nocturno libre, organizado por él y otros obreros.

Comienzos artísticos

El Sabalero en el año 1973.
En 1967 migró a Montevideo y empezó a actuar en peñas folclóricas cantando sus composiciones. Ese año tiene la oportunidad de editar, para el sello Orfeo su primer fonograma, en el cual contó con la guitarra del también coloniense Roberto Cabrera.[1]
Este disco integrado por cuatro chamarritas, pasó prácticamente desapercibido, y dos años más tarde, en 1969 grabo su primer LP, titulado "Canto popular".
Prologado por la poetisa Idea Vilariño, y con el apoyo instrumental de Yamandú Palacios y Roberto Cabrera,[2] este disco tuvo un notable éxito en Uruguay y América Latina. En el mismo se incluyeron algúnos de los temas más emblemáticos del artista, como "Chiquillada", "La sencillita" y "A mi gente".

Exilio

En la década del '70 alcanzó fama en toda América Latina a través del tema Chiquillada, que también fue interpretado por el cantante argentino Leonardo Favio.
Entre 1970 y 1973 vivió en Buenos Aires, y posteriormente la dictadura uruguaya lo obligó a emigrar, pasando por países como México, Francia y España. Allí es expulsado por el franquismo y posteriormente se establece definitivamente en Holanda.

Actualidad

Volvió a Uruguay en 1984 pero en 1992 se radicó nuevamente en Holanda, aunque mantiene un grupo musical en Montevideo.
En 1998 Soledad Pastorutti grabó su candombe A mi gente que se volvió un extraordinario éxito. Su disco La Casa Encantada es material de estudio en las escuelas primarias de Uruguay.

El 21 de octubre de 2010 fallece en su casa de Villa Argentina.

Discografía

Long Plays

  • Canto popular (Orfeo ULP 90518. 1969)
  • Bien de pueblo (Orfeo ULP 90536. 1969)
  • Canto popular (Ed. Argentina con temas diferentes al disco de 1969. Odeón LDB-198. 1970)
  • Chiquillada (Emi. Argentina. 1970)
  • Octubre (Orfeo ULP 90545. 1970)
  • Abre tu puerta vecino y saca al camino tu vino y tu pan (CBS Columbia 9120. Argentina. 1972)
  • Pelusa (Microfón I-401. Argentina. 1973)
  • Volveremos (KKLA. Francia. 1975)
  • Colmeneras (KKLA. Holanda. 1978)
  • La flota (Sondor 44318. 1983)
  • La muerte (Orfeo SULP 90743. 1984)
  • Angelitos (Orfeo SCO 90767. 1984)
  • Angelitos vol. II (Orfeo SULP 90768. 1985)
  • Entre putas y ladrones (letras de Higinio Mena. Orfeo 91070-4. 1990)
  • Viento en popa (Orfeo 91209-4. 1993)
  • La casa encantada (Orfeo CDO 053-2. 1995)
  • Cuentamusa (Orfeo CDO 097-2. 1995)
  • Noche de rondas (Bizarro Records 2334-2. 2000)
  • Re-percusión / el 14 (Obligado Records RL 2626-2. 2002)
  • Me vuela el corazón (Obligado Records RL 2858-2. 2003)
  • La viuda (letras de Higinio Mena. Aperiá Records. 2006)

EP y Simples

  • Sabalero (Orfeo 333-3556. 1967)
  • Navidad y rejas / No te vayas nunca, compañera (1972)
  • ¿Dónde están? (compartido con Los Olimareños. Barry's Record 0072. Holanda. 1979)

Reediciones y recopilaciones

  • Abre tu puerta vecino y saca al camino tu vino y tu pan (CBS Columbia 59.120. 1977)
  • Chiquillada (Sondor 84207. 1981)
  • Chiquillada (RCA. 1984)
  • Lo mejor del Sabalero (Sondor. 1985)
  • Antología (Orfeo. 1987)
  • Grandes éxitos (Sondor 6.731-2. 1991):
  • Entre putas y ladrones / El viejo (Orfeo CDO 014-2. 1992)
  • Angelitos (contiene lo volúmenes I y II de "Angelitos". Orfeo CDO 022-2)
  • La flota (Sondor 4.318-2. 1998)
  • El Sabalero y sus canciones (La República. Serie Grandes del Canto Popular Vol II 2494-2. 2001)
  • Re-percusión / el 14 (editado en Argentina. 2004)
  • Canto popular (Orfeo / Emi / Bizarro Records 7243 8 59538 2 8. 2004)
Fuente: wikipedia


 


 


 

jueves, 10 de junio de 2010

Obdulio Varela: empatía y tristeza de un campeón

Artículo de www.efdeportes.com

Corría el mes de abril del año 1943. Con un grupo de personas entré por primera vez a un cine que en esos tiempos se conocía como "continuado". Para mi era una verdadera novedad puesto que hasta entonces siempre lo había hecho en las clásicas "matinée" del barrio en donde yo vivía, es decir, ver cuatro o cinco películas seguidas, casi siempre los domingos por la tarde. Pero entonces me explicaron que en este cine pasaban "noticiarios" y luego una película, y sin pausa empezaba todo de vuelta. Eso me llamó mucho la atención: ¡cómo que se pasan toda una tarde hasta la noche siempre con lo mismo! Esta asistencia a los "continuados" con ese grupo de personas se repetía en forma invariable todos los fines de semana, sábados o domingos después de un almuerzo. Pero en la concurrencia a este "biógrafo" también existía algo muy particular, que me llamaba la atención dado que no me explicaba por qué entrábamos todos a la sala sin sacar las entradas, es decir, sin pagar, lo hacíamos gratis. El único protocolo existente era simplemente saludar al portero, el cual nos devolvía una gran sonrisa, algún efusivo apretón de manos y hasta haciendo una reverencia nos abría la puerta de entrada a la sala. Una vez finalizada la sesión salíamos todos del cine, tomábamos un ómnibus o colectivo y nos íbamos al Estadio Centenario para ver fútbol. En realidad eso lo hacíamos mi padre y yo; el resto de este grupo no iba a mirar, sino a jugar. Se trataba de jugadores del Club Atlético Peñarol en donde mi progenitor (Pedro de Hegedüs, 1895 - 1961) era el preparador físico, y yo, un niño de apenas nueve años de edad y ávido del deporte, en este caso iba a ver fútbol de primer nivel desde una tribuna preferencial.

Pero también recuerdo algo muy vívido e imborrable hasta los días actuales; era la experiencia que me tocó vivir con un jugador de ese equipo la cual quedó muy grabada en mis sentimientos. Éste me hizo una "promesa" muy firme: "si yo por alguna razón no puedo jugar - me decía - lo harás tú en lugar mío". Dicha "promesa" la recibí varias veces. Obviamente yo siempre me la creí debido a que este jugador me lo decía con toda la seriedad del mundo, sin el menor dejo de sonrisa, para que no vaya a pensar que ello era una simple broma o que no fuera cierto. Como el resto del plantel "concordaba" con él, me percaté que las cosas iban en serio. Por dicha causa "me tenía que entrenar", y por tal motivo, en ocasión de los entrenamientos, mientras la primera división jugaba contra la "reserva", yo me dedicaba a manejar la pelota detrás de algún arco tratando de imitar a los que estaban dentro de la cancha, y también acompañar los ejercicios de "calistenia" que dirigía mi padre.

Pero pasado los años, varias décadas, ya siendo hombre maduro y habiendo transitado también en la actividad deportiva, primero como jugador de fútbol en la liga de mi barrio y luego como atleta, me di cuenta que bajo ningún punto de vista podría haber suplantado a ese jugador, que por más que me hubiera esforzado nunca podría haber tenido la personalidad que demostraba dentro de la cancha, que nunca podría haber hecho lo que él hizo, especialmente en los momentos decisivos de las grandes contiendas. Se trataba de una personalidad deportiva que llegó a convertirse en un verdadero mito para todo el ambiente futbolístico y aún fuera del mismo, que sus hazañas llegaron a trascender inclusive a nivel internacional y hasta docentes de la educación física orientados hacia las materias humanísticas lo tomaban en cuenta en cátedras de sociología y/o psicología deportiva. Esta persona a quien un pequeño como yo "tenía que suplantar" era nada menos que… Obdulio Varela.

Obdulio Varela


Obdulio Varela (Obdulio Jacinto Muiño Varela)

Este gran deportista nació en 1917 en la ciudad de Montevideo, R.O. del Uruguay. Se crió en un barrio de personas económicamente humildes y apenas si fue algunos pocos años a la escuela primaria. Era un chico asmático e hijo de padres separados. Comenzó a jugar al fútbol en los potreros de su barrio, luego en el club Deportivo Juventud, y en el año 1937 pasó a ser un jugador semi profesional en el legendario Club Montevideo Wanderers. En 1943 lo adquirió el Club Atlético Peñarol, institución que lo contó en sus filas hasta su retiro, en 1955. Debutó en el seleccionado uruguayo en 1939 y en 1942 fue campeón sudamericano.

¿Cómo era Obdulio Varela desde el punto de vista técnico? Ocupaba lo que ahora se designa como "volante", pero que en aquellas épocas se designaba como "centre hall" (o el dicho común rioplatense de "centrojá"). Su rendimiento técnico era nada más que aceptable, o quizás solamente bueno. No era muy veloz al correr, tampco corpulento, dominaba los distintos recursos técnicos dentro de lo que se esperaría normalmente de un jugador de primera división y nada más. En ese aspecto no sobresalía. Pero, ¿en donde estibaba entonces el hecho de que se haya convertido en un personaje futbolístico que llegó a trascender a través de la historia deportiva del mundo? En su personalidad. Ello significó ganarse el apodo de "negro jefe". Sin gritos y sin histerias sabía poner en vereda con severidad a sus compañeros de equipo cuando éstos no hacían las cosas como debían; bastaban unas pocas palabras, o quizás una mirada llena de rigor como la de un padre severo con sus hijos para darse cuenta que se tenía que poner mayor empeño en tal o cual aspecto del juego. Asimismo fue muy respetado por sus rivales ocasionales, los cuales sabían que con este "gran negro" no era conveniente buscar problemas. Aunque Obdulio Varela fue un jugador del tipo recio, siempre fue partidario del juego limpio, sin mañas, desdeñando la brutalidad. En cierta ocasión, como capitán del conjunto de Peñarol, un adversario golpeó brutalmente y con toda alevosía a uno de sus compañeros. La agresividad de ese contrario ameritaba la expulsión inmediata del juego, ello era evidente. Pero de forma inexplicable, dicha falta se sancionó como una simple contingencia del juego. Obdulio Varela tomó de inmediato el balón, se dirigió al juez, y de manera respetuosa le observó que si en algún momento algún jugador de su equipo, es decir, de Peñarol, cometía semejante acto de brutalidad, le pedía por favor que lo expulsara de la cancha, puesto que él, como capitán, no podría tolerar que uno de los suyos realizara semejante acto tan desdeñable.

Pero la gran personalidad de Obdulio Varela se pudo plasmar con nitidez en lo ocurrido en Julio del año 1950, en ocasión del IV Campeonato Mundial de Fútbol disputado en la ciudad de Río de Janeiro. Su actuación en dicho torneo fue lo que lo catapulto realmente a la gran historia del mundo futbolístico, y quizás de todo el deporte. Aquí se pudo palpar por parte de este hombre sus recursos psicoemocionales, la verdadera astucia, el conocimiento o la perspicacia para llegar a percibir las virtudes y también el "talón de Aquiles" de los adversarios, y de acuerdo a ello determinar la forma adecuada para manipular o aprovechar las distintas reacciones de los mismos en beneficio propio.


Maracaná, 1950 (el "Marcanazo")

Es indudable que Brasil se presentaba como favorito indiscutible, conformando un equipo de grandes jugadores, muy bien entrenados, los cuales tenían tras de sí a una "torcida" (partidarios) de más de cien millones de habitantes. Todo Brasil palpitaba tras su equipo del cual se esperaba que obtuviera el título máximo: la copa de oro "Jules Rimet". Es cierto que los países europeos no estaban en su mejor momento dado que hacía apenas cinco años que habían salido de los horrores de la II Guerra Mundial. Por dicha causa no existió en ese entonces partidos clasificatorios por zonas como lo es en los días actuales.

En dicho evento participaban, además de los locales, México, Yugoslavia, Suiza, Inglaterra, Chile, España, Estados Unidos, Suecia, Italia, Paraguay, Bolivia y Uruguay. Como dato anecdótico con respecto a los partidos preliminares en Brasil, se puede mencionar que los Estados Unidos ganó solamente un partido, el cual fue… a Inglaterra (1 - 0).

Para la rueda final quedaron cuatro equipos: Brasil, Suecia, España y Uruguay. Los uruguayos, los cuales tenían un equipo bastante bueno, tuvieron en su serie solamente a un adversario, Bolivia, al cual derrotaron en forma contundente: 8 - 0. Las características de los partidos finales fue que todos tenían que jugar contra todos, es decir, no había eliminatorias. Aquí fue en donde Brasil mostró su gran envergadura como equipo. El 9 de julio Brasil se enfrenta a Suecia; victoria contundente de los primeros: 7 -1. En la misma fecha Uruguay se enfrentó a España en la ciudad de Belho Horizonte. Los españoles se imponían a los uruguayos 2 -1, pero estos últimos lograron recobrarse, y hasta jugando con desesperación (prácticamente todo el conjunto "celeste" estaba sobre el área rival) lograron emparejar el tanteador. El gol lo hizo precisamente Obdulio Varela, lo cual sorprendió a muchos puesto que el "negro jefe" nunca había sido goleador. En su segundo encuentro, el día 16, Brasil enfrenta a España. Los brasileños fueron realmente una "aplanadora" dado que vencieron a los de la península por 6 - 1. Los uruguayos, por su lado, tuvieron como rival a Suecia en San Pablo. Estos últimos, entrando al segundo tiempo estaban al frente: 2 - 1. El panorama era realmente desesperante para los "orientales", pero con gran esfuerzo y entrega física, empatan el juego y faltando poco para la finalización del encuentro convierten un gol de "oro", revirtiendo el tanteador: 3 - 2.

Así estaban las cosas para el encuentro final entre Brasil y Uruguay. Los jugadores brasileños mostraron la gran contundencia que se esperaba de ellos: 13 goles en dos partidos y solo 2 en contra: los uruguayos 5 a favor y 4 en contra. Las perspectivas estaban realmente a favor de Brasil; de los uruguayos se esperaba, como máximo, una actuación solamente honrosa para el enfrentamiento final. Brasil, por su parte, con solo empatar se coronaría virtual campeón del mundo. El partido final se desarrolló el día 16 de julio.


La gran final

El estadio de Maracaná ya estaba lleno desde tempranas horas de la mañana, dado que para los brasileños la final del campeonato mundial se convirtió en una verdadera fiesta nacional. Tenían todas las de ganar puesto que su escuadra estaba demostrando una eficiencia de primerísimo nivel; ¡qué se podría esperar del equipo uruguayo, el cual apenas si pudo con rivales que ellos, los brasileños, prácticamente demolieron con toda facilidad!

Es muy interesante lo que se desarrolló en el vestuario de los orientales previo a su salida a la cancha. Uno de los dirigentes entró a dicho recinto para "alentar" a los jugadores y les expresó que "perdiendo por menos de cuatro goles de diferencia se salvaba el honor". Rápidamente Obdulio Varela salió al cruce y respondió con verdadera autoridad: "¿perder?... ¡Nosotros vamos a ganar este partido! ". También de ese ambiente salió una famosa frase en cuanto a que "Los de afuera son de palo". Algunos se la han atribuido a Obdulio Varela, mientras que otros a uno de los marcadores de punta, el recordado Schubert Gambeta (1920 - 1991). En realidad no importa de quien se originó dicha frase, pero ese era el espíritu de todo el conjunto uruguayo al salir a la cancha: "¡¡los de afuera son de palo!! ". Obdulio Varela agregó algo muy importante antes de salir al campo, "muchachos, si los respetamos a los brasileños, nos caminan por arriba… ¡vamos a salir a ganar el partido! ".


La salida a la cancha

El mismo Varela reconoció años más tarde que estaba muy conciente de lo que sería salir al campo de juego, de enfrentarse a esa "olla caliente" del estadio de Maracaná ocupada por casi doscientas mil personas ? el estadio deportivo más grande del mundo, comparándolo inclusive con el de Berlín, en donde se habían realizado los Juegos Olímpicos del año 1936 ? las cuales alentarían a su equipo, que era favorito y en el cual prácticamente no habrían partidarios para el conjunto uruguayo. Teniendo esto en cuenta, Obdulio Varela, que obviamente era el capitán del equipo, los reunió poco antes de entrar al túnel que los conduciría a la cancha y con toda claridad les dio la siguiente instrucción: "Salgan tranquilos, no miren para arriba. Nunca miren a la tribuna… EL PARTIDO SE JUEGA ABAJO".

Estadio de Maracaná. Inaugurado en Julio de 1950 para el IV Campeonato Mundial de Fútbol.
En ese entonces tenía capacidad para 200 mil personas.

Con estas directivas del gran capitán, el equipo salió a la cancha, incluso lo hicieron despacio, caminando, como dando a entender que estaban muy, pero muy tranquilos. Obviamente la entrada de los locales fue verdaderamente apoteósica, ello se pudo percibir por las distintas estaciones radiales que transmitían el partido tanto para Brasil como el Uruguay y en donde apenas si se pudieron escuchar las palabras de los locutores debido al ruido ensordecedor que emanaba desde las tribunas.


El desarrollo del partido, un hecho insólito y el triunfo

El comienzo del encuentro fue muy favorable al equipo brasileño, el cual, mediante su accionar estaba demostrando claramente que era el favorito, jugadas claras, de gran precisión, lo que de alguna forma hizo lucir reiteradas veces al arquero uruguayo Roque Gastón Máspoli (1917 - 2004). Brasil seguía dominando el juego, atacando constantemente; pero estaba ocurriendo algo llamativo: los locales no podían convertir ningún gol. Es cierto que dominaban el juego, que ellos eran los que tenían en forma repetitiva el balón en sus pies, pero la defensa uruguaya era un verdadero muro de acero. De esta forma concluyó el primer tiempo de juego: 0 - 0, lo que de todas formas ya otorgaba la copa Jules Rimet a los locales: con sólo empatar ya eran campeones.

Comenzó el segundo tiempo, y ante un descuido de la defensa uruguaya, apenas a los 2 minutos de iniciado el juego el equipo brasileño convierte un gol. Si la entrada de estos al estadio había sido apoteósica, en esta ocasión el grito eufórico de los asistentes al encuentro se escuchó prácticamente a varios kilómetros del estadio. Todo Brasil estaba radiante, eufórico, ¡ya podían comenzar a festejar!

Pero a continuación ocurrió un hecho insólito, sumamente llamativo y que tomó a todos por sorpresa. Fue una situación que verdaderamente hizo historia, que de cierta forma "paralizó" tanto a brasileños como uruguayos y que causo una especie del "quiebre" en el desarrollo del encuentro, que revirtió todo lo realizado hasta ese momento por ambos contrincantes. Fue una situación que nadie hubiera imaginado. ¿Qué fue entonces lo que sucedió? No bien el jugador Albino Cardoso Friaça (1924 - ) convirtió su tanto, Obdulio Varela tomó rápidamente la pelota, y sin desprenderse de ella se dirigió al juez, Mr. George Harris (de Inglaterra) para quejarse dado que para él, ese gol debía de anularse, había sido hecho en situación de "fuera de juego", es decir, "off side". Obviamente el "negro jefe" hizo su reclamo en el idioma español, pero como el árbitro de las Islas Británicas no hablaba dicho idioma, hubo que llamar a un intérprete; este tardó en llegar, con lo cual el tiempo estaba pasando y por dicho motivo el reinicio del juego se demoraba . Según se relata en el libro del periodista deportivo uruguayo Juan Pippo titulado "Obdulio Varela: desde el alma", "¿La verdad? Yo había visto al juez de línea levantando la bandera. Claro, el hombre la bajó enseguida, no fuera que lo mataran… me insultaba el estadio entero ? obviamente por la demora del juego ? pero no tuve temor... ¡Si me banqué aquellas luchas en canchas sin alambrado, de matar o morir, me iba a asustar allí, que tenía todas las garantías! Sabía lo que estaba haciendo", agregó. "(...) "Ahí me di cuenta que si no enfriábamos el juego, si no lo aquietábamos, esa máquina de jugar al fútbol nos iba a demoler. Lo que hice fue demorar la reanudación del juego, nada más. Esos tigres nos comían si les servíamos el bocado muy rápido".

El parlamento entre el capitán de los uruguayos y el árbitro del partido se prolongó durante varios minutos; ello causó lo que Obdulio Varela esperaba, el objetivo tan deseado, dado que él sabía muy bien lo que ello significaría: enfriar a los brasileños, tanto jugadores como también al público. Luego de ello les dijo a sus compañeros con un espíritu muy, pero muy positivo, "bueno, se acabó, ahora vamos a ganarles a estos 'japoneses'", término que utilizaba con frecuencia para referirse a cualquier extranjero. De esta forma el "negro jefe" le entregó el balón a Mr. Harris para reiniciar el juego. El escritor Osvaldo Soriano comentó sobre la perspicacia de obdulio Varela: "No tuvo oído para los brasileños que lo insultaban porque comprendían su maniobra genial: Obdulio enfriaba los ánimos, ponía distancia entre el gol y la reanudación para que, desde entonces, el partido ? y el rival ? fueran otros. Hubo un intérprete, una estirada charla, algo tediosa, entre el juez y el morocho. El estadio estaba en silencio. Brasil ganaba uno a cero, pero por primera vez los jóvenes uruguayos comprendieron que el adversario era vulnerable. Cuando movieron la pelota, los orientales sabían que el gigante tenía miedo". Todo esto era muy cierto dado que Obdulio Varela tuvo toda la razón. Los uruguayos comenzaron a dominar el juego, de tal forma que a los 17 minutos del segundo tiempo Juan Alberto Schiaffino (1925 - 2002) produjo el empate. Los brasileños no lo podían creer, ¡les habían igualado en el marcador! Estos ya no eran ni sombra de lo que había sido en los encuentros anteriores y tampoco como se habían manejado durante el primer tiempo de este encuentro: estaban como "congelados" y en cierta forma como asustados. Esto mismo lo destacó el arquero uruguayo Máspoli más adelante: "ellos no respondían…en una jugada, un muchacho brasileño se cayó, lo ayudé a levantarse y le palmeé la cara, porque nos conocíamos todos, ¡Estaba helado, pálido! El empate los mató". De todas maneras, con sólo mantener el empate, ya eran virtualmente los campeones del mundo. Pero faltando diez minutos para finalizar el partido se produjo la verdadera catástrofe deportiva para ellos. El puntero derecho uruguayo Alcides Edgardo Ghiggia (1926 - ) recibe un pase, amaga tirar la pelota hacia el centro del área. El arquero brasileño reacciona como era debido dado que comienza a desplazarse desde el palo izquierdo hacia el centro en espera de que el puntero uruguayo levante el centro y cubrir de esta forma todo el arco. Pero éste hace todo lo contrario, lo que no se esperaba, dado que patea directamente al arco y el balón entra hasta el fondo de la red entre el arquero Moacir Barboza (1921 - 2000) y el palo izquierdo, un espacio que no fue mayor a un metro. Más adelante el jugador uruguayo comentaría "Barboza hizo lo lógico y yo lo ilógico", aunque también agregó, "sólo tres personas silenciaron el Maracaná: el Papa, Frank Sinatra… y yo". A partir de ese momento se presentaron dos tendencias psicológicas distintas, dos formas antagónicas de ver el partido; para los brasileños el tiempo que quedaba hasta el final se veía sumamente reducido, los minutos corrían para ellos a gran velocidad; para los uruguayos, en cambio, especialmente los que escuchaban el encuentro a través de la radiofonía, ese mismo lapso se convirtió en una eternidad. ¡Para Brasil y Uruguay las manecillas del reloj "se desplazan a distintas velocidades"!

Segundo gol uruguayo convertido por E. A. Ghiggia. En el suelo yace impotente el arquero Barboza,
mientras que uno de los defensores brasileños se agarra la cabeza.
Ghiggia sigue corriendo festejando el tanto.

Sobre la finalización del encuentro el equipo de Brasil creó algunas situaciones de riesgo para los orientales, pero finalmente el tanteador no se modificó: 2 a 1 a favor de estos últimos. Cuando Mr. Harris tocó la pitada dando por finalizado el encuentro obviamente las reacciones fueron diametralmente opuestas. La alegría y euforia para los uruguayos y la enorme desazón, tristeza y estupor para todo el Brasil. Era inconcebible lo que había sucedido dado que la Copa "Jules Rimet" prácticamente se les había "resbalado" de sus manos. De todas formas el público brasileño que llenaba el estadio se comportó de manera sobresaliente, ejemplar, ni un grito adverso, violencia, o alguna palabra de más. El reconocimiento a los jugadores orientales llegó a tal nivel, que al día siguiente del encuentro, al ir éstos de compras por la ciudad, los comerciantes hasta les regalaron lo que querían comprar. El público brasileño mereció el mayor de los encomios por su conducta.


La situación después del encuentro final: la empatía de un gran jugador

Dentro del protocolo de los campeonatos mundiales de fútbol está determinado que una vez finalizado el encuentro final, el presidente de la Federación Internacional de Fútbol Asociado, FIFA, debe entregar la copa que se adjudica al ganador del torneo o partido final. En este caso se trataba de la "taça" Jules Rimet (1873 - 1955), debido a que dicho persona era el que en ese momento ocupaba esa posición de privilegio. Pasado cierto tiempo él mismo relató lo que le ocurrió en aquella ocasión de la final del Campeonato Mundial.

"...Todo estaba previsto, excepto el triunfo de Uruguay. Al término del partido yo debía entregar la copa al capitán del equipo campeón. Una vistosa guardia de honor se formaría desde el túnel hasta el centro del campo de juego, donde estaría esperándome el capitán del equipo vencedor (naturalmente Brasil). Preparé mi discurso y me fui a los vestuarios pocos minutos antes de finalizar el partido (estaban empatando 1 a 1 y el empate clasificaba campeón al equipo local). Pero cuando caminaba por los pasillos se interrumpió el griterío infernal. A la salida del túnel, un silencio desolador dominaba el estadio. Ni guardia de honor, ni himno nacional, ni discurso, ni entrega solemne. Me encontré solo, con la copa en mis brazos y sin saber que hacer. En el tumulto terminé por descubrir al capitán uruguayo, Obdulio Varela, y casi a escondidas le entregué la estatuilla de oro, estrechándole la mano y me retiré sin poder decirle una sola palabra de felicitación para su equipo... ".

Es de hacer notar que el "negro jefe" se dio cuenta de la sorpresa del Dr. Jules Rimet al aparecer en la cancha, pudo percibir su incertidumbre dado que éste empezó a deambular de un lado para el otro sin saber qué era lo que tenía que hacer. Obviamente el presidente de la FIFA estaba preparado para un protocolo específico, pero ahora se encontraba sorpresivamente ante un libreto completamente cambiado, diferente. Obdulio Varela se dio cuenta que Rimet estuvo por darle la copa al capitán de los brasileños: aparentemente el Presidente de la FIFA no se había enterado que los uruguayos había convertido el segundo gol y habían ganado el partido. Por dicho motivo el "negro jefe" se dirigió hacia él y prácticamente tuvo que sacarle el trofeo de las manos. Dentro del campo de juego había inclusive una banda, la cual tocaría el himno del país que se adjudicaba el torneo, es decir, estaba preparada para ejecutar el himno del Brasil junto a un podio que se instalaría no bien finalizara el encuentro. Dada las inesperadas circunstancias el mismo no se instaló ni tampoco se tocó himno alguno. El cuerpo de custodia que acompañó a Jules Rimet a la cancha lo hizo prácticamente llorando. Este fue pues el desenlace final del partido.

Pero, ¿qué fue lo que hicieron los jugadores uruguayos una vez que finalizó la "ceremonia" de entrega de la Copa y se retiraron del estadio? Salieron a divertirse y festejar el triunfo en la costanera de la hermosa playa de Copacabana. Obviamente tenían todos los merecimientos para ello. Pero en dicho grupo faltó alguien; fue nada menos que el personaje que cargó sobre sus espaldas la gran responsabilidad del triunfo, uno que mediante el empuje de su personalidad había hecho revertir algo que se consideraba como una "misión imposible": Obdulio Varela. Éste se dio cuenta de cuáles habían sido las consecuencias del triunfo de los orientales. Sin que sus compañeros se dieran cuenta, prácticamente se escapó del modesto hotel en donde se habían alojado y comenzó a deambular en solitario por la ciudad carioca, las cuales prácticamente también estaban vacías. Según él mismo lo relató más adelante, entró a un bar y "me puse a tomar 'caña' (aguardiente de caña) esperando que no me reconocieran, porque creía que si eso sucedía me matarían. Pero me reconocieron enseguida y, para mi sorpresa, me felicitaron, me abrazaron y muchos de ellos se quedaron bebiendo conmigo hasta la madrugada", contó a la agencia dpa en una entrevista realizada en 1993. ¿Cuál fue el motivo de esta conducta por parte del capitán del equipo oriental? El sentir que en cierta forma él fue muy responsable del triunfo ante el equipo brasileño, de la gran tristeza que embargaba a toda esa nación, de la enorme desazón que se les había provocado por la derrota ante los uruguayos; se supo de casos de infartos y hasta suicidios. El "negro jefe" sintió gran empatía por el dolor de toda esa gigantesca nación; él mismo sintió una enorme pena, la cual llegó a ser más intensa que la euforia por la cual pasó no bien había finalizado el encuentro con los brasileños.

Obdulio Varela regresó al hotel en donde estaban alojados cuando ya estaba despuntando el alba.


Epílogo

En la historia del fútbol son muy contados los casos de gestas como la del Uruguay en el IV Campeonato Mundial de Fútbol, en donde un hombre, de un inmenso carisma, se convirtió en el factor decisivo para una gesta deportiva. El deporte del fútbol ha dado grandes personajes que han pasado a la historia por la brillantes de sus respectivos desempeños: Edson Arantes do Nascimento, comúnmente llamado como "Pelé", Ferenc Puskás, Alfredo Di Stefano, Johan Cruyff, Michel Platiní, Gerd Müller, Franz Beckenbauer, Lothar Mattheus, Paolo Maldini, Ronaldo (Luís Nazario), Diego Armando Maradona, Zinedine Zidane y muchísimos más que se pudieran citar. Pero en todos ellos hubo una característica muy específica: el dominio sobresaliente de los distintos recursos técnicos, los cuales los hacían prácticamente incomparables y hasta brillantes. En cierta forma cada uno de ellos se puede constituir como modelo técnico para la enorme cantidad de variantes que presenta este hermoso deporte de conjunto. Pero es bastante difícil encontrar un deportista que con recursos técnicos bastante inferiores a los anteriormente nombrados haya sido el motor para el gran triunfo en la final de un campeonato mundial, y se haya convertido en un personaje mítico al mismo nivel que los anteriormente nombrados.

Además, es necesario destacar el elemento ético de Obdulio Varela ante la vida y según fue pasando el tiempo hasta su fallecimiento. Se retiró en el año 1955 para dedicarse a su muy querida esposa, a sus seres queridos. El mayor espacio de su vida era para su familia y sus amigos más cercanos. Durante el resto de su vida fue muy requerido por la prensa, la escrita, radial y luego también la televisiva. Casi siempre rehusó a la misma. En las varias décadas que siguieron a su retiro, en muy pocas ocasiones se pudo conversar con él para algún reportaje. Dentro de esa gran personalidad, vital en todo sentido, de postura firme, sólida, se ocultaba también un hombre humilde, el cual nunca quiso que lo endiosaran dado que también reconocía sus limitados alcances como ser humano. Es indudable que detrás de todas aquellas personalidades que buscan el primer plano a cualquier costo, la necesidad imperiosa de ser reconocidos, de ser entrevistados, mostrados, existe alguna debilidad emocional, búsqueda de afirmación de la personalidad. Sin la misma se encuentran como "vacíos", desprotegidos, débiles y aparentemente sin asidero en la vida. Obdulio Varela no necesitaba de estos "puntos de apoyo" debido a que se encontraba muy por encima de todas esas carencias. Su propia persona, sus seres queridos y sus pocos amigos de la intimidad eran suficientes para encontrar la dicha en la vida. Sin embargo, este hombre que hasta podía asustar al mismísimo diablo cuando se ponía serio, era también de una personalidad muy sensible. En 1996 fallece el gran amor de su vida, su esposa Catalina. Obdulio Varela no pudo soportar la pérdida de ésta, y a los pocos meses, exactamente el 2 de agosto del mismo año él también sucumbe ante la muerte. El Presidente de la República, en ese momento el Dr. Julio María Sanguinetti dispuso que se le tributaran honores especiales. Prácticamente todo el Uruguay estuvo de duelo y lloró por la pérdida del famoso "negro jefe".

martes, 29 de abril de 2008

Adolf Hitler

Máximo dirigente de la Alemania nazi (Braunau, Bohemia, 1889 - Berlín, 1945). Hijo de un aduanero austriaco, su infancia transcurrió en Linz y su juventud en Viena. La formación de Adolf Hitler fue escasa y autodidacta, pues apenas recibió educación. En Viena (1907-13) fracasó en su vocación de pintor, malvivió como vagabundo y vio crecer sus prejuicios racistas ante el espectáculo de una ciudad cosmopolita, cuya vitalidad intelectual y multicultural le era por completo incomprensible.


Adolf Hitler

De esa época data su conversión al nacionalismo germánico y al antisemitismo. En 1913 Adolf Hitler huyó del Imperio Austro-Húngaro para no prestar servicio militar; se refugió en Múnich y se enroló en el ejército alemán durante la Primera Guerra Mundial (1914-18). La derrota le hizo pasar a la política, enarbolando un ideario de reacción nacionalista, marcado por el rechazo del nuevo régimen democrático de la República de Weimar, a cuyos políticos acusaba de haber traicionado a Alemania aceptando las humillantes condiciones de paz del Tratado de Versalles (1918).

De vuelta a Múnich, Hitler ingresó en un pequeño partido ultraderechista, del que pronto se convertiría en dirigente principal, rebautizándolo como Partido Nacionalsocialista de los Trabajadores Alemanes (NSDAP). Dicho partido se declaraba nacionalista, antisemita, anticomunista, antisocialista, antiliberal, antidemócrata, antipacifista y anticapitalista, aunque este último componente revolucionario de carácter social quedaría pronto en el olvido; este abigarrado conglomerado ideológico, fundamentalmente negativo, se alimentaba de los temores de las clases medias alemanas ante las incertidumbres del mundo moderno. Influenciado por el fascismo de Mussolini, este movimiento, adverso tanto a lo existente como a toda tendencia de progreso, representaba la respuesta reaccionaria a la crisis del Estado liberal que la guerra había acelerado.

Sin embargo, Hitler tardaría en hacer oír su propaganda. En 1923 fracasó en un primer intento de tomar el poder desde Múnich, apoyándose en las milicias armadas de Ludendorff («Putsch de la Cervecería»). Fue detenido, juzgado y encarcelado, aunque tan sólo pasó en la cárcel un año y medio, tiempo que aprovechó para plasmar sus estrafalarias ideas políticas en un libro que tituló Mi lucha y que diseñaba las grandes líneas de su actuación posterior.

De nuevo en libertad desde 1925, Hitler reconstituyó el NSDAP expulsando a los posibles rivales y se rodeó de un grupo de colaboradores fieles como Goering, Himmler y Goebbels. La profunda crisis económica desatada desde 1929 y las dificultades políticas de la República de Weimar le proporcionaron una audiencia creciente entre las legiones de parados y descontentos dispuestos a escuchar su propaganda demagógica, envuelta en una parafernalia de desfiles, banderas, himnos y uniformes.

Combinando hábilmente la lucha política legal con el uso ilegítimo de la violencia en las calles, los nacionalsocialistas o nazis fueron ganando peso electoral hasta que Hitler -que nunca había obtenido mayoría- se hizo confiar el gobierno por el presidente Hindenburg en 1933.

Desde la Cancillería, Hitler destruyó el régimen constitucional y lo sustituyó por una dictadura de partido único basada en su poder personal. El Tercer Reich así creado fue un régimen totalitario basado en un nacionalismo exacerbado y en un complejo de superioridad racial sin fundamento científico alguno (basado en estereotipos que contrastaban con la ridícula figura del propio Hitler).

Tras la muerte de Hindenburg, Hitler se hizo nombrar Führer o «caudillo» de Alemania y se hizo prestar juramento por el ejército. La sangrienta represión contra los disidentes culminó en la purga de las propias filas nazis durante la «Noche de los Cuchillos Largos» (1934) y la instauración de un control policial total de la sociedad, mientras que la persecución contra los judíos, iniciada con las racistas Leyes de Núremberg (1935) y con el pogromo conocido como la «Noche de los Cristales Rotos» (1938) culminó con el exterminio sistemático de los judíos europeos a partir de 1939 (la «Solución Final»).

La política internacional de Hitler fue la clave de su prometida reconstitución de Alemania, basada en desviar la atención de los conflictos internos hacia una acción exterior agresiva. Se alineó con la dictadura fascista italiana, con la que intervino en auxilio de Franco en la Guerra Civil española (1936-39), ensayo general para la posterior contienda mundial; y completó sus alianzas con la incorporación del Japón en una alianza antisoviética (Pacto Antikomintern, 1936) hasta formar el Eje Berlín-Roma-Tokyo (1937).

Militarista convencido, Hitler empezó por rearmar al país para hacer respetar sus demandas por la fuerza (restauración del servicio militar obligatorio en 1935, remilitarización de Renania en 1936); con ello reactivó la industria alemana, redujo el paro y prácticamente superó la depresión económica que le había llevado al poder.

Luego, apoyándose en el ideal pangermanista, reclamó la unión de todos los territorios de habla alemana: primero se retiró de la Sociedad de Naciones, rechazando sus métodos de arbitraje pacífico (1933); luego forzó el asesinato de Dollfuss (1934) y el Anschluss o anexión de Austria (1938); a continuación invadió la región checa de los Sudetes y, tras engañar a la diplomacia occidental prometiendo no tener más ambiciones (Conferencia de Múnich, 1938), ocupó el resto de Checoslovaquia, la dividió en dos y la sometió a un protectorado; aún se permitió arrebatar a Lituania el territorio de Memel (1939).


Hitler hacia el final de la guerra

Pero, cuando el conflicto en torno a la ciudad libre de Danzig le llevó a invadir Polonia, Francia y Gran Bretaña reaccionaron y estalló la Segunda Guerra Mundial (1939-45). Hitler había preparado sus fuerzas para esta gran confrontación, que según él habría de permitir la expansión de Alemania hasta lograr la hegemonía mundial (Protocolo Hossbach, 1937); en previsión del estallido bélico había reforzado su alianza con Italia (Pacto de Acero, 1939) y, sobre todo, había concluido un Pacto de no-agresión con la Unión Soviética (1939), acordando con Stalin el reparto de Polonia.

El moderno ejército que había preparado obtuvo brillantes victorias en todos los frentes durante los primeros años de la guerra, haciendo a Hitler dueño de casi toda Europa mediante una «guerra relámpago»: ocupó Dinamarca, Noruega, Holanda, Bélgica, Luxemburgo, Francia, Yugoslavia, Grecia. (mientras que Italia, España, Hungría, Rumania, Bulgaria y Finlandia eran sus aliadas, y países como Suecia y Suiza declaraban una neutralidad benévola).


Sólo Gran Bretaña resistió el intento de invasión (batalla aérea de Inglaterra, 1940-41); pero la suerte de Hitler empezó a cambiar cuando lanzó la invasión de Rusia, respondiendo tanto al ideal anticomunista básico del nazismo como al proyecto de arrebatar a la «inferior» raza eslava del este el «espacio vital» que soñaba para engrandecer a Alemania (1941). A partir de la batalla de Stalingrado (1943), el curso de la guerra se invirtió y las fuerzas soviéticas comenzaron una contraofensiva que no se detendría hasta tomar Berlín en 1945; simultáneamente se reabrió el frente occidental con el aporte masivo en hombres y armas procedente de Estados Unidos (involucrados en la guerra desde 1941), que permitió el desembarco de Normandía (1944).

Derrotado y fracasados todos sus proyectos, Hitler vio cómo empezaban a abandonarle sus colaboradores y la propia Alemania era arrasada por los ejércitos aliados; en su limitada visión del mundo no había sitio para el compromiso o la rendición, de manera que arrastró a su país hasta la catástrofe y finalmente se suicidó en el búnker de la Cancillería de Berlín donde se había refugiado, después de haber sacudido al mundo con su sueño de hegemonía mundial de la «raza» alemana, que provocó una guerra total a escala planetaria y un genocidio sin precedentes en los campos de concentración.

jueves, 27 de marzo de 2008

Karl Marx

Pensador socialista y activista revolucionario de origen alemán (Tréveris, Prusia occidental, 1818 - Londres, 1883). Karl Marx procedía de una familia judía de clase media (su padre era un abogado convertido recientemente al luteranismo). Estudió en las universidades de Bonn, Berlín y Jena, doctorándose en Filosofía por esta última en 1841.

Desde esa época, el pensamiento de Marx quedaría asentado sobre la dialéctica de Hegel, si bien sustituyó el idealismo de éste por una concepción materialista, según la cual las fuerzas económicas constituyen la infraestructura que determina en última instancia los fenómenos «superestructurales» del orden social, político y cultural.


Karl Marx

En 1843 se casó con Jenny von Westphalen, cuyo padre inició a Marx en el interés por las doctrinas racionalistas de la Revolución francesa y por los primeros pensadores socialistas. Convertido en un demócrata radical, Marx trabajó algún tiempo como profesor y periodista; pero sus ideas políticas le obligaron a dejar Alemania e instalarse en París (1843).

Por entonces estableció una duradera amistad con Friedrich Engels, que se plasmaría en la estrecha colaboración intelectual y política de ambos. Fue expulsado de Francia en 1845 y se refugió en Bruselas; por fin, tras una breve estancia en Colonia para apoyar las tendencias radicales presentes en la Revolución alemana de 1848, pasó a llevar una vida más estable en Londres, en donde desarrolló desde 1849 la mayor parte de su obra escrita. Su dedicación a la causa del socialismo le hizo sufrir grandes dificultades materiales, superadas gracias a la ayuda económica de Engels.

Marx partió de la crítica a los socialistas anteriores, a los que calificó de «utópicos», si bien tomó de ellos muchos elementos de su pensamiento (de autores como Saint-Simon, Owen o Fourier); tales pensadores se habían limitado a imaginar cómo podría ser la sociedad perfecta del futuro y a esperar que su implantación resultara del convencimiento general y del ejemplo de unas pocas comunidades modélicas.

Por el contrario, Marx y Engels pretendían hacer un «socialismo científico», basado en la crítica sistemática del orden establecido y el descubrimiento de las leyes objetivas que conducirían a su superación; la fuerza de la Revolución (y no el convencimiento pacífico ni las reformas graduales) serían la forma de acabar con la civilización burguesa.

En 1848, a petición de una Liga revolucionaria clandestina formada por emigrantes alemanes, Marx y Engels plasmaron tales ideas en el Manifiesto Comunista, un panfleto de retórica incendiaria situado en el contexto de las revoluciones europeas de 1848.

Posteriormente, durante su estancia en Inglaterra, Marx profundizó en el estudio de la economía política clásica y, apoyándose fundamentalmente en el modelo de David Ricardo, construyó su propia doctrina económica, que plasmó en El Capital; de esa obra monumental sólo llegó a publicar el primer volumen (1867), mientras que los dos restantes los editaría después de su muerte su amigo Engels, poniendo en orden los manuscritos preparados por Marx.

Partiendo de la doctrina clásica, según la cual sólo el trabajo humano produce valor, Marx denunció la explotación patente en la extracción de la plusvalía, es decir, la parte del trabajo no pagada al obrero y apropiada por el capitalista, de donde surge la acumulación del capital. Criticó hasta el extremo la esencia injusta, ilegítima y violenta del sistema económico capitalista, en el que veía la base de la dominación de clase que ejercía la burguesía.

Sin embargo, su análisis aseguraba que el capitalismo tenía carácter histórico, como cualquier otro sistema, y no respondía a un orden natural inmutable como habían pretendido los clásicos: igual que había surgido de un proceso histórico por el que sustituyó al feudalismo, el capitalismo estaba abocado a hundirse por sus propias contradicciones internas, dejando paso al socialismo. La tendencia inevitable al descenso de las tasas de ganancia se iría reflejando en crisis periódicas de intensidad creciente hasta llegar al virtual derrumbamiento de la sociedad burguesa; para entonces, la lógica del sistema habría polarizado a la sociedad en dos clases contrapuestas por intereses irreconciliables, de tal modo que las masas proletarizadas, conscientes de su explotación, acabarían protagonizando la Revolución que daría paso al socialismo.

En otras obras suyas, Marx completó esta base económica de su razonamiento con otras reflexiones de carácter histórico y político: precisó la lógica de lucha de clases que, en su opinión, subyace en toda la historia de la humanidad y que hace que ésta avance a saltos dialécticos, resultado del choque revolucionario entre explotadores y explotados, como trasunto de la contradicción inevitable entre el desarrollo de las fuerzas productivas y el encorsetamiento al que las someten las relaciones sociales de producción.

También indicó Marx el sentido de la Revolución socialista que esperaba, como emancipación definitiva y global del hombre (al abolir la propiedad privada de los medios de producción, que era la causa de la alienación de los trabajadores), completando la emancipación meramente jurídica y política realizada por la Revolución burguesa (que identificaba con el modelo francés); sobre esa base, apuntaba hacia un futuro socialista entendido como realización plena de las ideas de libertad, igualdad y fraternidad, como fruto de una auténtica democracia; la «dictadura del proletariado» tendría un carácter meramente instrumental y transitorio, pues el objetivo no era el reforzamiento del poder estatal con la nacionalización de los medios de producción, sino el paso -tan pronto como fuera posible- a la fase comunista en la que, desaparecidas las contradicciones de clase, ya no sería necesario el poder coercitivo del Estado.

Marx fue, además, un incansable activista de la Revolución obrera. Tras su militancia en la diminuta Liga de los Comunistas (disuelta en 1852), se movió en los ambientes de los conspiradores revolucionarios exiliados, hasta que, en 1864, la creación de la Asociación Internacional de Trabajadores (AIT) le dio la oportunidad de impregnar al movimiento obrero mundial de sus ideas socialistas. Gran parte de sus energías las absorbió la lucha, en el seno de aquella primera Internacional, contra el moderado sindicalismo de los obreros británicos y contra las tendencias anarquistas continentales representadas por Proudhon y Bakunin. Marx triunfó e impuso su doctrina como línea oficial de la Internacional, si bien ésta acabaría por hundirse como efecto combinado de las divisiones internas y de la represión desatada por los gobiernos europeos a raíz de la revolución de la Comuna de París (1870).

Retirado desde entonces de la actividad política, Marx siguió ejerciendo su influencia a través de sus discípulos alemanes (como Bebel o Liebknecht); éstos crearon en 1875 el Partido Socialdemócrata Alemán, grupo dominante de la segunda Internacional que, bajo inspiración decididamente marxista, se fundó en 1889.

Muerto ya Marx, Engels asumió el liderazgo moral de aquel movimiento y la influencia ideológica de ambos siguió siendo determinante durante un siglo. Sin embargo, el empeño vital de Marx fue el de criticar el orden burgués y preparar su destrucción revolucionaria, evitando caer en las ensoñaciones idealistas de las que acusaba a los visionarios utópicos; por ello no dijo apenas nada sobre el modo en que debían organizarse el Estado y la economía socialistas una vez conquistado el poder, dando lugar a interpretaciones muy diversas entre sus seguidores.

Dichos seguidores se escindieron entre una rama socialdemócrata cada vez más orientada a la lucha parlamentaria y a la defensa de mejoras graduales salvaguardando las libertades políticas individuales (Kautsky, Bernstein, Ebert) y una rama comunista que dio lugar a la Revolución bolchevique en Rusia y al establecimiento de Estados socialistas con economía planificada y dictadura de partido único (Lenin, Stalin, Mao).

domingo, 17 de febrero de 2008

Salvador Dalí

(Figueres, Gerona, 1904 - Púbol, 1989) Pintor español. Salvador Dalí nació en una madrugada de la primavera de 1904 en el seno de una familia burguesa, hijo de un notario bienpensante y de una sensible dama aficionada a los pájaros. Más tarde escribiría: "A los tres años quería ser cocinero. A los cinco quería ser Napoleón. Mi ambición no ha hecho más que crecer y ahora es la de llegar a ser Salvador Dalí y nada más. Por otra parte, esto es muy difícil, ya que, a medida que me acerco a Salvador Dalí, él se aleja de mí".

Puesto que la persecución sería incesante y el objetivo no habría de alcanzarse nunca y, dado que en ningún recodo de su biografía estaba previsto que hallara el equilibrio y la paz, decidió ser excesivo en todo, intrepretar numerosos personajes y sublimar su angustia en una pluralidad de delirios humorísticos y sórdidos. Se definió a sí mismo como "perverso polimorfo, rezagado y anarquizante", "blando, débil y repulsivo", aunque para conquistar esta laboriosa imagen publicitaria antes hubo de salvar algunas pruebas iniciáticas, y si el juego favorito de su primera infancia era vestir el traje de rey, ya hacia sus diez años, cuando se pinta como El niño enfermo, explora las ventajas de aparentar una constitución frágil y nerviosa.


Salvador Dalí

Su precocidad es sorprendente: a los doce años descubre el estilo de los impresionistas franceses y se hace impresionista, a los catorce ya ha trabado conocimiento con el arte de Picasso y se ha hecho cubista y a los quince se ha convertido en editor de la revista Studium, donde dibuja brillantes pastiches para la sección titulada "Los grandes maestros de la Pintura".

En 1919 abandona su Cataluña natal y se traslada a Madrid, ingresa en la Academia de Bellas Artes y se hace amigo del gran poeta granadino Federico García Lorca y del futuro cineasta surrealista Luis Buñuel, de quien sin embargo se distanciará irreversiblemente en 1930. En la capital adopta un extraordinario atuendo: lleva los cabellos largos, una corbata desproporcionadamente grande y una capa que arrastra hasta los pies. A veces luce una camisa azul cielo, adornada con gemelos de zafiro, se sujeta el pelo con una redecilla y lo lustra con barniz para óleo. Es difícil que su presencia pase desapercibida.

En los revueltos y conflictivos meses de 1923 sufre un desafortunado contratiempo. En la Academia de Bellas Artes a la que está adscrito se producen manifestaciones en contra de un profesor, y antes de que dé comienzo el discurso oficial y se desate la violenta polémica, Salvador abandona la sala. Las autoridades creen que con este gesto ha sido él quien ha dado la señal de ataque y rebelión y deciden expulsarlo durante un año. Después, de nuevo en Figueras, los guardias vienen a detenerlo y pasa una temporada en la cárcel.

A la salida de prisión recibirá dos alegrías. La primera, una prensa para grabado que su padre le regala, y la segunda, la visita de su excelente compañero de la Residencia de Estudiantes de Madrid Federico García Lorca, quien, en las calurosas noches del verano de Cadaqués, lee a toda la familia Dalí sus versos y dramas recién compuestos. Es allí, junto al Mediterráneo, donde García Lorca redacta la célebre "Oda a Salvador Dalí", publicada unos años después, en 1929, en la Revista de Occidente. Pronto será también Luis Buñuel quien llegue a Cadaqués para trabajar con su amigo Salvador en un guión cinematográfico absolutamente atípico y del que surgirá una película tan extraña como es El perro andaluz.

En 1927 Dalí viaja por primera vez a París, pero es al año siguiente cuando se instala en la capital francesa y se une al grupo surrealista que lidera el poeta André Breton. Este último terminará expulsándolo del movimiento algunos años después, en una memorable sesión de enjuiciamiento a la que Dalí compareció cubierto con una manta y con un termómetro en la boca, aparentando ficticiamente estar aquejado de fiebre y convirtiendo así el opresivo juicio en una ridícula farsa.

La triple acusación a la que tuvo entonces que enfrentarse Dalí fue: coquetear con los fascismos, hacer gala de un catolicismo delirante y sentir una pasión desmedida e irrefrenable por el dinero. A esto precisamente alude el célebre apodo anagramático con que fue motejado por Breton, Avida dolars, acusación que lejos de desagradar al pintor le proporcionaba un secreto e irónico placer. De hecho, después de conocer a la que sería su musa y compañera durante toda su vida, Gala, entonces todavía esposa de otro surrealista, el poeta Paul Eluard, Dalí declaró románticamente: "Amo a Gala más que a mi madre, más que a mi padre, más que a Picasso y más, incluso, que al dinero."

Salvador se enamoró de Gala en el verano de 1929 y con ella gozó por primera vez de las mieles del erotismo. Es la época en que pinta Adecuación del deseo, Placeres iluminados y El gran masturbador, pintura esta última que fue atacada y desgarrada por el fanático grupo puritano los Camelots du Roy. Mientras tiene lugar una exposición de sus obras en la Galería Goemans de París, la joven y apasionada pareja se refugia y aísla en la Costa Azul, pasando los días y las noches encerrados en una pequeña habitación de un hotel con los postigos cerrados.


Dalí, un genio excéntrico

Enterado el padre de Salvador de la vida disoluta de su hijo por un artículo de Eugenio d'Ors aparecido en La Gaceta Literaria, rompe relaciones con su vástago; pero ello no debió afectarlo demasiado, o quizás sí, puesto que es en esa época en que el artista realiza lo mejor de su obra, como el célebre cuadro Persistencia de la memoria (1931), donde blandos relojes cuelgan de la rama de un árbol, del borde de un pedestal y sobre una misteriosa forma tendida en la vasta extensión de la playa.

En 1934 viaja con su ya inseparable Gala a Estados Unidos, donde desembarca y se presenta ante los periodistas con un enorme pan cocido por el cocinero del trasatlántico que les ha transportado. En sus erráticas manifestaciones no duda en asociar el mito hitleriano con el teléfono y a Lenin con el béisbol. Son todas bromas absurdas que tratan de quitar hierro a una situación política amenazante. Dos años después se desata la atroz guerra civil en España y una de las primeras muestras de la probidad de los militares insurrectos es el infame asesinato de su amigo Federico García Lorca, crimen que conmocionó a la opinión pública internacional. Dalí escribió: "Lorca tenía personalidad para dar y vender, la suficiente para ser fusilado, antes que cualquier otro, por cualquier español."

En 1938 conoce por fin, gracias al escritor vienés Stefan Zweig, a Sigmund Freud, quien había sido el gran inspirador de la estética surrealista, de la que Dalí no se siente marginado pese a las bravatas de Breton, sino que por el contrario se considera el único y más genuino exponente. El padre del psiconálisis había dado pábulo a la nueva indagación del inconsciente con su libro La interpretación de los sueños (1900), pero nunca se había tomado demasiado en serio a sus jóvenes admiradores de París.

No obstante, el 20 de julio de 1938, tras el encuentro, Freud anotó en su diario: "Hasta entonces me sentía tentado de considerar a los surrealistas, que aparentemente me han elegido como santo patrón, como locos integrales (digamos al 95%, como el alcohol puro). Aquel joven español, con sus espléndidos ojos de fanático e innegable dominio técnico, me movió a reconsiderar mi opinión". Por su parte, el artista realizó asombrosos y alucinantes retratos del "santo patrón" de los surrealistas.

Instalado otra vez en Nueva York en 1939, Dalí acepta un encargo para decorar unos escaparates comerciales. El tema que elige es el del Día y la Noche, el primero evocado por un maniquí que se mete en una bañera peluda y la segunda, por medio de brasas y paños negros extendidos, pero la dirección modifica el decorado sin consultar al autor. Dalí, iracundo, vuelca la bañera de astracán llena de agua y la lanza contra los cristales del escaparate produciendo un gran estrépito y un notable destrozo.


Pese a que la opinión pública norteamericana le aplaude el vigor con que ha sabido defender la propiedad intelectual, es juzgado por los tribunales y condenado a pagar los desperfectos. Tampoco consigue concluir su siguiente proyecto para decorar un pabellón de la Feria Internacional de Nueva York, el cual debía llevar el significativo título de Sueño de Venus.

A España regresó en 1948, fijando su residencia de nuevo en Port-Lligat y hallando en el régimen del general Franco toda suerte de facilidades. El gobierno incluso declaró aquel rincón catalán que tanto fascinaba al pintor "Paraje pintoresco de interés nacional". Para muchos historiadores del arte lo mejor de su obra ya había sido realizado y, sin embargo, aún le quedaban cuarenta años de caprichosa producción y de irreductible endiosamiento y exhibicionismo, con apariciones públicas del estilo de la que protagonizó en diciembre de 1955, cuando se personó en la Universidad de la Sorbona de París para dar una conferencia en un Rolls Royce repleto de coliflores. En vida del artista incluso se fundó un Museo Dalí en Figueras; ese escenográfico, abigarrado y extraño monumento a su proverbial egolatría es uno de los museos más visitados de España.

Durante los años setenta, Dalí, que había declarado que la pintura era "una fotografía hecha a mano", fue el avalador del estilo hiperrealista internacional que, saliendo de su paleta, no resultó menos inquietante que su prolija indagación anterior sobre el ilimitado y equívoco universo onírico. Pero quien más y quien menos recuerda mejor que sus cuadros su repulsivo bigote engominado, y no falta quien afirme haberlo visto en el Liceo, el lujoso teatro de la ópera de Barcelona, elegantemente ataviado con frac y luciendo en el bolsillo de la pechera, a guisa de vistoso pañuelo, una fláccida tortilla a la francesa.

En su testamento, el controvertido artista legaba gran parte de su patrimonio al Estado español, provocando de ese modo, incluso después de su muerte, acaecida en 1989, tras una larga agonía, nuevas y enconadas polémicas. El novelista Italo Calvino escribió que "nada es más falsificable que el inconsciente"; acaso esta verdad paradójica y antifreudiana sea la gran lección del creador del método paranoico-crítico, de ese maestro del histrionismo y la propaganda, de ese pintor desaforado y perfeccionista, de ese eximio prestidigitador y extravagante ciudadano que fue Salvador Dalí. El chiflado prolífico del Ampurdán, la llanura catalana barrida por el vertiginoso viento del norte que recoge las suaves olas del mar Mediterráneo en una costa tortuosa y arriscada, descubrió el arte de la mixtificación y el simulacro, de la mentira, el disimulo y el disfraz antes incluso de aprender a manejar su lápiz con la exactitud disparatada y estéril de los sueños.

Su longeva existencia, tercamente consagrada a torturar la materia y los lienzos con los frutos más perversos de su feraz imaginación, se mantuvo igualmente fiel a un paisaje deslumbrante de su infancia: Port-Lligat, una bahía abrazada de rocas donde el espíritu se remansa, ora para elevarse hacia los misterios más sublimes, ora para corromperse como las aguas quietas. Místico y narciso, Salvador Dalí, quizás uno de los mayores pintores del siglo XX, convirtió la irresponsabilidad provocativa no en una ética, pero sí en una estética, una lúgubre estética donde lo bello ya no se concibe sin que contenga el inquietante fulgor de lo siniestro. Dalí exhibió de forma provocativa todas las circunstancias íntimas de su vida y su pensamiento.